21.7.10

Se han despertado un día sin saber qué van comer...

≪ Hoy he despertado en la mañana
y tú secabas apurada
en la estufa tu blues jeans≫
Manuel García

≪ En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario:
el mío, el túnel en que había transcurrido
mi infancia, mi juventud, toda mi vida≫
Ernesto Sábato


Se han despertado un día sin saber qué van comer, levantándose rápido sin querer pensar más, pues un frío día de invierno los espera y deben ir en busca de aquellas escurridizas sandalias agujereadas por el abuso diario. Seguro que sí, en esta época y por estos días eso es común, demasiado común, triste un poco pero más cotidiano que sentimental. Es un año gris, de momentos curiosos, soles perdidos, entrañables lluvias, neblinas londinenses en las estrechas calles santiaguinas.

No pensé más durante esa mañana, me apresure y dirigí inconsciente mi cuerpo hacia mi trabajo que demandaba de mi persona, de mis conocimientos y mi técnica para producir recursos que no bien sé en qué bolsillos terminaban. No fue hasta la hora de almuerzo, en que ocioso por la pérdida de rutina, y atrapado en el café del centro, habitual para personas abandonadas como yo, no fue hasta esa hora que corriendo por la calle vi creo que a un estudiante lanzado al aire papeles color sepia desde su mochila, saltando enloquecido, arrojado papeles y papeles, cuyas planas contenían estas palabras: ≪Grillos, giros, gritos, vamos cayendo en lo profundo de este abismo. Me mira y me dice "hola muchacho tanto tiempo qué haces aquí de nuevo" "disfruto el paisaje -le digo- echaba de menos el desconcierto". Risas instantáneas surgen de las paredes de aquel túnel, "no lo soporto, te diré, nunca pensé que caería tan bajo tan profundo aquí junto a ti" "para que veas que nada pierdes con intentarlo solo con proponértelo puedes estar aquí abajo". Calor, un horno que gira sobre un eje eterno en tras programar un infinito tiempo. ¡Click! "¡Está listo! nos estamos cocinando a un fuego lento entre todo este hielo ¡en su punto justo!≫; al terminar de leerlo, recuerdo a una compañera de trabajo decir en un momento que no recuerdo ≪al revisar un día mis escritos de quince años cayó sobre mí como un rayo la realidad: a esa altura escribir del alma no era más que dar golpes con la cabeza sobre el teclado≫ y para mi pesar, me hizo volver pensar, evitando que el olvido atacase mi sorpresa y dejase el suceso como uno más de lo que atacan el centro de las incertidumbres capitalinas. Uno más, nada menos ¿por qué? Y ahí está el reloj recordándome que es hora de partir hacia la oficina, de pagar el dulce café que he tomado, de besar en su mejilla a la indiferente nena que está al otro lado de la mesa, y que por mi dinero ha sonreído a mi olvido, a mi desinterés y a mi apagados desvaríos; ya es hora de partir, sin embargo siento en mis tobillos hechos hierro por ideas alocadas, por papeles color sepia y palabras entintadas y negruzcas de sentimientos contrariados dichas, seguro, en un momento de rabia absoluta y perdida de razón de un pobre estudiante corredor por las vías atosigadas de la capital. Qué locura, he vuelto a pensar, y ya mi trabajo me parece un patíbulo de mis días de cuatro paredes, de competencia, de sin sabor, de hambre atorada en mi entrañas, de mal y solitario sueño. Beso en los labios a esa chica, en un giro busco que inesperado atrapo su atención, y la abandono sin mediar vergüenza ni reclamos, deje su debida propina sobre esa tasa de café bebido, deje algo más de lo cotidiano, y deje mi trabajo más tarde sin mayor razón ni causa que un estudiante enloquecido, una compañera nostálgica y una sensación que la vida debe ser algo más que soledad y rutina.

.≪¿Tan tarde es?≫ alguien da cuenta de la hora a mí alrededor siendo la respuesta ≪Si, mejor volvamos a casa≫, a casa, que bella idea, a casa: ya es hora de volver a mi tierra querida, yacer en ella, en su seno, cabeza gacha hundida sobre la almohada abierta al mundo de los sueños. A casa, construida a base de soñar y pensar: mí querido túnel.

4.7.10

Viola, violeta

Ay, ay, Violeta ay! Viola ay dulce ay!
¿Por qué por un hombre te dejas morir?
simplemente no entiendo, mas si supiera si
Ay, ay, Parra compañera! fe lastimada ay!

Corriendo el anillo, allá arriba estai,
volviendo a tus diecisietes funestos, oíd
a los niños en décimas entonar, sentir
mi corazón, mi alma, con tu musguito reí

Cuando se murió la carne, ya madura,
de disparado silencio, en corta pausa
tu cantante alma apurada, se dio altura.

Sin pasado, ni temores, quiero durar
Sin prejuicios, ni señores, ver meditar
A ti, señora, parabra a palabra cantada