22.6.12

¡Tú no tienes Marías que se van!

"Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo 
no es costra fermentada en tu costado: 
¡tú no tienes Marías que se van!" 
César Vallejo

 ¿No te has sentido alguna vez, amigo mío, un personaje inmerso en una gran y extraña nivola? como si de Niebla se tratará, desafío a mi autor en el diario vivir; pero este Señor vengativo me alecciona, tumbando por completo las pretensiones de poder ser mi pequeño dios.

 Hace ya tiempo de la vez que viaje a ver a los mios, allá en las tranquilas tierras de mi natal San Vicente. Era Domingo y día "de la madre", y como buen hijo fui a ver a mi mamá, acompañándola devotamente a todas partes; e incluso, a su sagrada misa.

 Estaba ahí presente en cuerpo (porque en alma me iba y venia, inmerso en ideas, pensamientos, locuras de que aquellas que atacan de vez en cuando, que me hacen muchas veces olvidar completamente donde estoy) hasta que lloró. Sí, hasta que él lloró: el sacerdote, que reflexionando la lectura, dentro del sermón dominical a los oyentes, se había quebrantado, se hubo en un momento cubierto en llanto. Había recordado a su madre enterrada hace unos días. Pidió disculpas, tomo agua y continuo; pero en mi cabeza ese llanto había congelado y borrado todo lo que pensase. Ese llanto, había traído (¿resucitado?) a Vallejo; pues veía en el rostro de aquel hombre, los ojos húmedos de quien vio a María irse, ascendida a los cielos.

 Amigo, ¡realmente había quedado perturbado!, mi cabeza no hacia más que repetir una y otra vez un verso, "¡tú no tienes Marías que se van!"; me atacaba, se repetía como maldición, me recordaba que nada (y nadie) amado es eterno.

 "¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo/ ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo?/ (...) ¿cómo será el mundo sin preguntas?". 

¿Cómo sera el mundo sin preguntas? Solitario, simple, hasta utópico ¿Pero sin tu madre, sin tener ese regazo que siempre espera dispuesto a acogerte? No, no lo puedo concebir.

 Mi amigo ¿por qué tiene que ser una simple "tragedia" la muerte de un hijo y sólo un "hecho de vida" la pérdida de una madre? ¿sólo porque uno llegó después que el otro? ¡Tú que estás en los cielos, no sabes! ¡No! nunca has sentido ese miedo, el miedo, esa terrible espina que te perfora el alma; ese miedo de que alguna vez Madre ya no estarás ahí.

(Se me hace un nudo en la garganta)

2 comentarios :

Anónimo dijo...

yo estuve en esa misa ... muy linda reflexión ... ese llanto igual quedo en mi mente como te paso a ti ...

Fran Sandoval dijo...

Me mataste, hay miedos y miedos. Los peores son los que se callan, me quedo en silencio.